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Actualizada 01/11/08 |
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En medio, como un
símbolo, hierática y solemne, erguida y desafiante, la torre
domina la villa, en la quietud de la llanura ocre que le rodea y
le sirve de fondo en los barbechos cuidados o en la alfombra
verde de sus pagos, que avanzan hacia el verano esperanzador.
Villalba deja
pasar el Salado y segura y confiada descansa en la plácida
quietud de la llanura, convertida en un mar de ansiedad y de
esperanza
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