La opinión de Zamora 01-12-2009
Un estudio advierte que el uso masivo de veneno contra los topillos pudo extender la tularemia
El informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas desaconseja el uso de raticidas de segunda generación por el riesgo de envenenamiento de especies
B. A. El tratamiento con rodenticidas (conocidos comúnmente como raticidas) para acabar con la plaga de topillos que se produjo en Castilla y León entre 2006 y 2007 pudo favorecer la propagación de la tularemia, enfermedad infecciosa que afecta en especial a roedores, liebres y conejos, pero también a humanos.Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Valladolid (UVA) publicado en «Science of the Total Environment» señala que el uso masivo de venenos para controlar la plaga de topillos de 2007 pudo favorecer la propagación de la tularemia por el alto número de cadáveres en el campo, por lo que se desaconseja el uso de rodenticidas anticoagulantes de segunda generación por el riesgo de envenenamiento en especies con las que no se quiere acabar.
«La plaga de topillos que se produjo en Castilla y León entre 2006 y 2007 se intentó frenar con la liberación masiva de rodenticidas (conocidos comúnmente como raticidas)», recordaron las mismas fuentes y significativamente mayor» entre animales encontrados muertos en zonas tratadas con rodenticidas, en concreto del 66,7 por ciento.
Durante febrero y marzo de 2007 se liberaron granos de cereal tratados con clorofacinona (un rodenticida de primera generación) en el núcleo donde se originó la plaga de topillos, al sur de Palencia. Ese mismo año comenzó una epidemia de tularemia en humanos, cuyo foco inicial coincide con el área de la provincia de Palencia donde comenzó la plaga de topillos.
La epidemia se disparó en julio de 2007, durante la cosecha de cereal, y predominaron los casos de infección por vía respiratoria, a diferencia del brote de 1997, que fue asociado a la manipulación de liebres, es decir, a un contagio por contacto.
Según uno de los responsables del estudio, el profesor de la Universidad de Valladolid y miembro de la Comisión de Plagas de Roedores de Castilla y León, Juan José Luque, es posible que el tratamiento con rodenticidas en superficie favoreciera la diseminación de la enfermedad «por canibalismo o inhalación» al promover la presencia de una gran cantidad de cadáveres en el campo.
Otro de los autores del trabajo, Javier Viñuela, investigador del CSIC que dirige el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, explicó que el uso «masivo y a gran escala» de rodenticidas es «siempre peligroso» por el riesgo de envenenamiento de especies «no diana», «hecho que se produjo en este caso en Castilla y León».
Por otra parte, los investigadores expusieron que el uso de rodenticidas anticoagulantes de segunda generación, como la bromadiolona, no está justificado «dado que pueden ser mucho más dañinos para otra fauna no objeto de control» mientras que la clorofacinona, un rodenticida de primera generación, ya resulta «suficientemente eficaz».
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