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Calle de Pedro Alvarez

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21-agosto-2009

Cuánto habría disfrutado el escritor paseando apoyado en su muleta



Rufo Gamazo Rico 

RUFO GAMAZO RICO No es una calle cualquiera, es la calle de Pedro Álvarez. El nombre del novelista ha sido incluido por acuerdo del Ayuntamiento, en el callejero de Villalba de la Lampreana. La rotulación de plazas y calles supone un intercambio de honores en el público y permanente reconocimiento de los esclarecidos méritos de un personaje señero, el pueblo proclama su orgullo de patria chica y en cierto modo, se hace partícipe y valedor de su fama;

parafraseando al místico, cabe concluir que el que pone honor saca honor. Es cierto que conforme al dicho cervantino, cada uno es hijo de sus obras; pero también es verdad que la nacencia influye en la vocación y condiciona los trabajos. En efecto, una parte muy importante de la obra literaria de Pedro Álvarez es el resultado de una inteligente y amorosa fabulación sobre el paisaje rural y urbano de Villalba de la Lampreana, tramando figuraciones en el cañamazo de sus gentes, costumbres, caracteres, la vida sin sobresaltos y los casos extraordinarios capaces de animar la rutina. En «Los chachos», oportunamente reeditada por el Instituto de Estudios Zamoranos, y en «Nasa» que está exigiendo una vuelta inmediata a las librerías, Pedro Álvarez retrata con lente de aumento paisajes, gentes y escenas del pueblerino mundillo de su niñez y adolescencia.
Un día, no tan lejano, quien desee conocer la realidad de aquel mundo tendrá que recurrir a la obra de Pedro Álvarez. En «Los chachos» comprobará que los niños de entonces eran también felices, soñaban y jugaban con mayor libertad y menos medios que los de ahora; en «Nasa» podrá admirar la ingenuidad a veces malévola de unos personajes, algunos de carne y hueso, en cuya evocación demuestra el novelista admirable poder fabulador; en «Los colegiales de San Marcos» se sentirá inmerso en una ciudad docente y cordial, horada y pícara, levítica y comercial; y en «El vivir humilde» encontrará una sorprendente enciclopedia de oficios ejercidos con afanes artesanos de perfección, aperos nobles y amplio léxico utilizado por Pedro Álvarez con el dominio de la propiedad que es una virtud tan valiosa como rara, tan escatimada que no a todos los escritores de talla les es concedida. Su excepcional poder de recreación, carismático en todo gran novelista, convierte en universal el pálpito aldeano. En la hermosa y comprometida faena, Pedro se ayudó de las técnicas del periodismo provinciano ejercido con eficaz dedicación a lo largo de muchos años. Novelistas de primera línea se formaron en el duro aprendizaje como de la crónica y el reportaje. Ejemplo de novela realizada con la técnica de periódico local es «Tomates verdes fritos», en cuyo relato juegan un importante papel los «sueltos periodísticos» que hacen noticiables los rumores. No haría falta recordar que, transformada en película, «Tomates verdes fritos» reafirmó su universalidad.
Ya es noticia la calle de Pedro Álvarez. He sentido tener que negar mi participación en el homenaje a la memoria de mi paisano, compañero famoso y amigo muy querido. Se ha dicho que inevitablemente nos llega un momento en que ya no somos más biografía y ...alifafes. Estos me han impedido atender la invitación amable de Juvenal Gil González, alcalde de Villalba de la Lampreana; me hubiera gustado mostrarle mi gratitud y la felicitación por la serie de homenajes celebrados con ocasión de su I Centenario. Siento, sobre todo, no haber estado presente en su «puesta de calle». Cuando decidió jubilarse del duro banco del periódico diario, alegó en broma que estaba cansado de arrastrar su muleta por las redacciones; acaso al decirlo recordara que su admirado Unamuno, jefe suyo por un tiempo, se confesó cansado del largo bregar.
Sin embargo, es muy lógico imaginarse cuánto habría disfrutado Pedro paseando su calle ayudado de la muleta. El cronista Federico Carlos Sáinz de Robles se confesaba «rabiosamente envidioso» de Tomás Borrás, honrado en vida con una calle; él tuvo la suya después de muerto.

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