Espero que en breve podamos ofrecer estas biografías, según conversaciones con el autor.
Zamora en el «Diccionario Biográfico de España»
Un sitio en la historia
Tres centenares de zamoranos aparecen en el magno estudio investigador realizado por la Real Academia de la Historia y coordinado por Quintín Aldea Vaquero
Quintín Aldea echa un vistazo, en la imagen, a un antiguo volumen de la biblioteca de la Real Academia de la Historia, que posee importantes fondos documentales y bibliográficosJESÚS HERNÁNDEZ. Fue alma y corazón del proyecto historiográfico. Y, después, de la empresa investigadora. Privó de horas y más horas a su tiempo de ocio y descanso, diurno y nocturno. Y el «Diccionario Biográfico de España», con 53.063 nombres, con tantas peripecias, condensadas, es la magna obra de la Real Academia de la Historia, y constituye, a la vez, uno de los grandes legados de Quintín Aldea, coordinador general del trabajo científico y Bibliotecario Perpetuo de la institución cultural. Sólo por eso, además de sus altos estudios sobre el pasado de la Iglesia en Europa y en América, tan reveladores, es merecedor de reconocimientos. Porque así sabemos, también, que más de 300 zamoranos están, a través de las entradas bibliográficas, con un puesto en el Olimpo ese del recordatorio y la memoria.
Exactamente: Son 315. Hay que armarse de paciencia, santa como mujer virtuosa de antaño. Y ayer fue un rato, hoy varias horas, y mañana será tarde y noche… Aparecen nombres de paisanos que figuran en ese "corpus" de sucesos y evocaciones, de trabajos y obras. Y lo configuran. ¿Personajes? Personalidades: Con más o menos brillo, que en eso también hay grados e intensidades, egolatrías y humildades. Pertenecen a todos los grupos sociales y profesionales. No faltan literatos, políticos, militares, conquistadores, reyes, artistas, santos, empresarios, religiosos, cineastas, pensadores, nobles, juristas, obispos… Amplio censo. Las fichas, que aparecen por orden cronológico, incluyen el nombre, las jornadas de nacimiento y, si se ha producido, de la muerte del biografiado. Después se recoge el relato de su vida, con los acontecimientos, peripecias y malaventuras. Hay categorías, o importancias, lo que se refleja en la extensión de los textos.
Miles de especialistas colaboraron en la redacción de los textos. Para los zamoranos, se eligió, mayoritariamente, a expertos de la «escuela de Valladolid», que mucho manda. «Era necesario crear un instrumento de investigación histórica», con las trayectorias biográficas de tantas personalidades, apuntaba Aldea Vaquero cuando el inicio de los trabajos. Se trataba, además, «de algo que nunca se había realizado en España». La obra, «científicamente de gran vuelo», ha contado con la colaboración de las Academias de la Historia de Hispanoamérica.
El personaje de más ilustre Antigüedad es, por lo visto, Lucius Fabius Silo, que nació en Brigaecium (Fuentes de Ropel) a finales del siglo I. A lo mejor sus paisanos se enteran, ahora, de la cosa. Del aguerrido antepasado. La lista se abre, no obstante, con Pedro Acebo Sotelo, un escribano que vivió en el siglo XVI, y se cierra con Munio de Zamora, que nació en 1237 y falleció, en Roma, en 1300. Un talento. El religioso dominico alcanzó la dignidad episcopal y fue nombrado General de su Orden. En todas las letras, excepto en tres («k», «w» y «x») aparecen nombres de gentes de esta tierra. Como lo del cupo es asunto de reciente creación, más coyuntural que racional, escasa es la presencia de la mujer. Se cuenta una decena raída: Catalina Monroy (toresana del XV, hembra desenvuelta que se movió bien en la «Administración de Ultramar»), Guiomar Ulloa (dama noble y mecenas del XVI), Beatriz de Castilla (nació, hija de Sancho IV el Bravo y de María de Molina, en 1293 y murió, como reina de Portugal, en 1357), Delhy Tejero (pintora exquisita)… Algunos personajes no eran de origen zamorano, pero vinieron a dar con sus huesos a estos pagos, y aquí dijeron adiós al mundo y sus vanidades, como San Atilano, Beatriz de Suabia, Alfonso III el Magno, Isidro Alfonso de Cabanillas, Beatriz de Portugal o Alejandro Finisterre, el leonfelipiano que dejó, entre sus legados, el patrimonio de los futbolines.
La lectura de esos tres centenares de fichas proporciona algunas curiosidades. No sólo es el caso de aquel Lucius Fabius Silo, tan romano del Imperio. O, según el apunte, «militar hispano-romano de rango ecuestre». No era un cualquiera. Tenía mando y mejor soldada. Ahí está, también, Abraham ben Jacob Saba, quien vivió en el siglo XV, y Ya´aqob ben Selomoh Ibn Habib, que nació a mediados de esa centuria y falleció en Salónica en 1516. Sus nombres no aparecen mucho en la historiografía zamorana. Nunca es tarde, sin embargo, para el re-conocimiento. Del último se nos dice que «era teólogo, tratadista, rabino, talmudista, predicador y escritor». Del otro se refiere que se trataba de un «rabino, biblista y religioso». Se desconoce cuándo Yavé, que es el que es, le llamó a su lado… Se hace justicia en otros casos. Cómo ignorar, pese a su humildad, a talentos como Juan Gil de Zamora, Gil Torres, Diego de Torres Bollo, Alfonso de Castro, Horacio Santiago Otero, Rafael de Balbín o Luis Cuadrado. Por sus obras (literarias, religiosas, solidarias, cinematográficas) se les conoce y valora. Cómo pasar página. De Vellido Dolfos, ¿héroe o traidor?, memoria recordada en estos días, se escribe: «Caballero regicida». También se indica que «su ámbito geográfico de nacimiento» (otra cuestión es el lugar terruñero) fue Zamora. Por el contrario, se especifica el año de su muerte (1075), si bien se desconoce el espacio de su romanceado y terrorífico fin.
El conocimiento, que destierra tópicos y falacias, debe alejar de las inflamaciones patrioteriles, tan peligrosas en cualquier ámbito, sobre todo si se arriman a las pasiones ideológicas, que son como urticarias, y animar a la comprensión (eso: Mejor que la tolerancia, que a veces es algo inane). «El saber une», señalaba Quintín Aldea. Lo expresaba cuando se daban los primeros pasos para la realización de esta obra, donde funcionó la corresponsabilidad en el trabajo. Miles de especialistas realizaron su aportación para poner en claro algunos aspectos del pasado español. Sabemos más de nosotros mismos y de los nuestros. Para no cometer errores graves, de esos que llaman históricos.
Los tiempos. Las edades. El periodo histórico sólo tiene un límite: Hasta los nacidos en los años 50 del pasado siglo. Desde la Antigüedad hasta ese momento de la posguerra civil, sin estraperlo y, también, sin libertad. Así, Ana Pastor, la ex ministra de Sanidad nacida en Cubillos del Pan, en 1957, es la más joven de la lista. Y los estudiados que habitan entre nosotros no son pocos. Ahí están Julián Barrio, José Luis Coomonte, Agustín García Calvo, Alberto Gómez Alonso, Abelardo Lobato, Jesús López Cobos, Miguel Manzano, José Luis Martínez Gil, José María Mezquita, Amando de Miguel, Angel Nieto, Rafael Palmero, Carlos Romero, Andrés Vázquez… No se cuestionan presencias, no, pero si se constatan algunas ausencias. Pero doctores, y aún números uno, tienen las Academias.
El «Diccionario Biográfico...» atiende a reyes (Alfonso IX, Juan II de Castilla), nobles (marqueses y condes de grandes servicios a la Corona y mayores intrigas palaciegas), santos (Fernando III, San Martín Cid), educadores (Pablo Montesino, Claudio Moyano), políticos (José María Cid, Angel Galarza, Santiago Alba, Federico Silva), religiosos (fray Toribio de Motolinia, Manuel Blanco), historiadores (Fernández Duro, Florián de Ocampo), literatos (Ulloa Pereira, León Felipe, Claudio Rodríguez, Juan Nicasio Gallego), prelados (Diego de Deza, Juan Pardo de Tavera, Juan Soldevilla, Gil Torres, Meléndez Valdés, Eustaquio Nieto), militares (Pablo Morillo). Y pensadores, y artistas, y conquistadores.
La capital y Toro son los municipios que aportan más «hijos ilustres» al gran censo académico. El pasado también se mide con esos baremos. Las dos ciudades vivieron épocas de esplendor, aunque con momentos de lustre decadente, y esos son tiempos de superior ebullición social y cultural. Las edades Media, sobre todo, y Moderna contribuyen con una gran cantidad de ingenios, en varios campos. Sobremanera, en los de la cruz y en los de las armas, en ocasiones tan unidas, ¿tan compenetradas? Aparecen representados unos 80 municipios, como Benavente, Villalpando, Puebla de Sanabria, Galende, Carbajales, Fermoselle, Alcañices, Fuentelapeña, Fuentesaúco, Navianos de Alba, Moraleja del Vino, Castroverde de Campos, Corrales, Tábara, Villamor de los Escuderos, Rionegro, Fuentesaúco, Villaralbo... Y, también, pequeños núcleos, como Santa Cruz de los Cuérragos o Riego del Camino. Todas las comarcas figuran en la relación. Todos los lugares buscan un sitio, aunque pequeño, en la historia.
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